Observamos una deliberada disociación entre cuerpo y alma, escuela y vida, teoría y práctica -entre otras escisiones- que han fragmentado la integridad humana, deshumanizándonos desde la perspectiva blanca, occidental, patriarcal y colonial. Así se ha organizado el hacer, el saber, el poder, es decir, el ser, dimensiones que buscamos descolonizar.
Humanizar…Muchos de nosotros reiteramos en estos tiempos -y enfáticamente- la necesidad de humanizar nuestros vínculos, nuestras perspectivas, nuestros horizontes, nuestro hacer. Una emergencia que invita a un diálogo sensible e interdisciplinar para desarmar la hegemónica deshumanización que sigue aconteciendo.
En verdad, la educación y la infancia son los territorios privilegiados para intentarlo. Una utopía impulsada en las urgencias cotidianas nos inspira a construir un futuro, desde la complejidad y la potencia del presente, situados en la esperanza de un nuevo orden y habitando la pedagogía de la ternura.