Lic. María Agustina Lisa
Que el bienestar y los niveles de satisfacción del personal docente sean una preocupación y un objetivo curricular e institucional, implica vivenciar de manera concreta la coherencia de transmitir el coste inexorable del cuidado al otro como valor humano y como contenido pedagógico a ser enseñado a través de la verosimilitud de la praxis.
Las docentes constituyen actores centrales del sistema educativo argentino; sin embargo, las condiciones en las que desarrollan su labor no siempre garantizan su bienestar integral, entendido tanto en su dimensión humana como profesional. Esta situación configura una zona de tensión entre las demandas institucionales, pedagógicas y organizacionales del trabajo docente y las posibilidades reales de cuidado de quienes lo ejercen, con efectos directos en la calidad de las experiencias educativas ofrecidas a bebés, niños y niñas. En este marco, el bienestar docente se reconoce no sólo como un derecho laboral, sino también como una práctica de cuidado que incide en el sostenimiento de los procesos educativos.
El bienestar de las docentes se ve atravesado por una multiplicidad de factores de orden físico, emocional, relacional y laboral, cuyo abordaje ha sido objeto de estudio desde diversas disciplinas -como la salud, la psicología, la psiquiatría y los estudios del trabajo y del bienestar laboral-. No obstante, persiste una tensión entre el reconocimiento teórico de estos factores y su traducción efectiva en políticas y prácticas institucionales que contemplen las condiciones concretas del trabajo docente.
Serie “Rondas” de Lucila Manchado.
Aportes para pensar sobre los cuidados para docentes de jardines maternales.
febrero
2026
Este escrito se focaliza en el cuidado de las docentes de jardines maternales, cuya tarea supone un compromiso corporal y psíquico sostenido, intensificado por las particularidades del trabajo con la primera infancia. Dicho compromiso se inscribe, además, en una matriz de género que históricamente ha asociado las tareas de cuidado y enseñanza temprana a lo femenino, contribuyendo a su naturalización y, en muchos casos, a la invisibilización de las exigencias y sobrecargas que implican. Desde esta perspectiva, se problematizan las categorías teóricas vinculadas al cuidado y se analizan las especificidades del trabajo en jardines maternales, con el propósito de comprender cómo estas tensiones impactan tanto en el bienestar de las docentes como en la experiencia educativa de la primera infancia.
A pesar de la centralidad del rol docente en el jardín maternal, diversas investigaciones y experiencias institucionales muestran que las condiciones de trabajo, el reconocimiento profesional y el acceso a dispositivos de cuidado no siempre son adecuados o suficientes. Esto genera tensiones en la salud emocional y corporal de las docentes, quienes desarrollan un tipo de labor caracterizado por la intensa demanda afectiva, física y simbólica propia del trabajo con la primera infancia.
El problema central radica en que el bienestar docente no se encuentra plenamente visibilizado ni integrado como un componente esencial de la calidad educativa, aun cuando su desgaste profesional, la sobrecarga asociada al cuidado y la impronta de género pueden afectar de manera directa la experiencia pedagógica en salas de jardín maternal.
La relevancia social que imprime esta temática se encuentra directamente vinculada a la calidad educativa. Entendemos al cuidado como categoría de análisis y contenido pedagógico enseñable y planificable. Entonces, resulta coherente que la misma perspectiva se aplique para quienes cuidan a los que cuidan. En este sentido, para poder efectivizar y garantizar una educación de calidad a bebés, niños y niñas resulta de gran importancia, entre otras cuestiones, el bienestar de los docentes de jardines maternales.
Se entiende que una porción de este bienestar depende del autocuidado: la predisposición, voluntad, calidad y estilo de vida de cada profesional pero, en la otra parte, y en gran medida, son las políticas públicas y decisiones o vacancias las que inciden en este porvenir profesional. Teniendo en cuenta que los jardines maternales están principalmente solventados y operados por la esfera privada, también estos análisis podrían alcanzar positivamente la vida laboral del docente de jardín maternal y así, intentar garantizar una mejor calidad educativa para bebés, niños y niñas.
Lic. María Agustina Lisa
Resulta interesante profundizar esta problemática ya que podría consolidarse como insumo para proyectos de la agenda pública que tengan en cuenta la importancia radical que encarna pensar en los profesionales que cuidan. También, es una temática susceptible de nutrirse de variadas ciencias y disciplinas que pueden dar cuenta de perspectivas y aportes interesantes. Asimismo, algunos temas podrían hacer eco en otros niveles del sistema educativo.
Algunas conceptualizaciones sin fronteras
Las prácticas de cuidado como componentes imprescindibles en el vínculo pedagógico y la calidad educativa
Actualmente, es indiscutido y relevante el papel que tiene el jardín maternal en la vida de los recién llegados (bebés, niños y niñas que nacen en este mundo) desde una perspectiva pedagógica y garante de derechos de las infancias. También es distinguido el lugar que ocupa en la sociedad como espacio de cuidado a propósito de las políticas públicas que disponen la organización social. Al decir de Faur (2014) nos estamos refiriendo a la “organización social y política del cuidado” (p.54). Asimismo, esta cuestión encarna una potente cuestión de género ya que históricamente, fueron (y todavía son) las mujeres las encargadas de atender/criar a los bebés, niños y niñas pequeños.
No es casual que actualmente sea mucho mayor (por no decir casi completamente) el número de mujeres que se dedica a la primera infancia, tanto en las tareas educativas siendo profesionales de la educación como en aquellas exclusivamente dedicadas a las actividades de cuidado (como ser niñeras, amas de casa, etc.).
Siguiendo esta línea es posible poner en tensión la denominación “jardín maternal” como insumo para futuros análisis y nuevas propuestas. El nombre que llevan estas instituciones para la primera infancia alude a una actividad que resulta excluyente, en tanto hace referencia a la tarea maternante -y no paternante- dejando a la vista que se realizan funciones relacionadas a la maternidad, tarea históricamente vinculada a las mujeres, excluyendo de esta manera desde la propia denominación, a las tareas de cuidado que puedan desempeñar las masculinidades y traccionando hacia una idea de maternaje exclusivamente femenina.
Acerca del Nivel Inicial, en nuestro país y desde la Ley Federal de Educación (26.206) está reconocido como unidad pedagógica compuesta por el jardín maternal y el jardín de infantes. Lo que ocurre es que las cifras reales actuales sobre la matrícula en el jardín maternal arrojan resultados que imprimen una notoria vacancia por parte del Estado y que acentúa una política fragmentada y desigual de acceso a este entorno educativo. Como sostiene Labarta (2017):
El Jardín Maternal es la puerta de ingreso a la institucionalización como experiencia educativa y, como tal, se constituye en el primer espacio público al que concurren bebés, niños y familias. Es el primer paso hacia la construcción de ciudadanía. (p.125)
Siguiendo esta línea de pensamiento, la autora Karina Battyhany (2021) sugiere:
Hay que insistir en que las relaciones entre cuidadores y cuidados no representan un asunto individual, sino que forman parte de un proceso estructural en el que participan el Estado, el mercado y el voluntariado. Y hay que dotarlas de contenido político y situarlas en contexto social. (p. 98-99)
La falta de jardines maternales estatales, públicos y gratuitos o de gestión privada pero incorporados en alguna esfera al ejercicio de contralor y subvención por parte del Estado provincial o nacional, trae aparejadas diversas y severas consecuencias negativas que tienen que ver con la privación del derecho a la educación de los más pequeños y consecuencias que van en detrimento de la organización social, particularmente en la cuestión de género donde la actividad profesional de las mujeres se ve vulnerada por tener a cargo las tareas de cuidado de los hijos pequeños. En este sentido, los docentes dedicados a la primera infancia, no están exentos de tal situación y precarización laboral.
Otro aspecto interesante de analizar en nuestra Ley es la universalización de la sala de 3 años y obligatoriedad de las salas de 4 y 5 años del Nivel Inicial. Esto deja afuera al primer ciclo del Nivel Inicial (jardín maternal) pese a estar reconocida su importancia dentro de la unidad pedagógica que constituye.
Dejar librado a la esfera privada el acceso a la educación en el jardín maternal, es decir, que el acceso a la educación sea privado y sólo pueden beneficiarse quienes puedan pagar por ello, potencia la brecha de desigualdad social y vulnera el derecho a recibir educación sistemática y de calidad de bebés, niños y niñas que transitan la primera infancia. Pero también, imprime en el inconsciente colectivo que la tarea de la crianza de estos primeros años de vida es exclusivamente una decisión que depende de la organización familiar, esto quiere decir que muchas veces los niños pequeños quedan al cuidado de familiares, niñeras o jardines maternales privados. Salvando las propuestas municipales y aquellos jardines maternales creados en sindicatos para que los progenitores puedan trabajar que históricamente, tuvieron su impronta fundacional como guarderías, pero hace algunos años han virado para dar sustento pedagógico al quehacer cotidiano.
Continuando con esta idea: “El reconocimiento de los jardines maternales como responsabilidad del sistema educativo indica que este se asume como parte de una estrategia de cuidado necesaria y complementaria a la función de las familias.” (Faur, 2017, p.92)
La problemática aparece al observar las políticas públicas y educativas concretas que se toman al respecto, dado que generan desigualdad de oportunidades entre aquellas familias que tienen acceso al sistema y quienes no. Es sabido que, mediante los jardines de infantes, las familias -y en especial las mujeres- alivian su carga de cuidado al mismo tiempo que les permite tener disponibilidad para ejercer funciones laborales y mayor perfeccionamiento académico.
La cuestión que aparece, fuertemente ligada a una cuestión de perspectiva política, tiene que ver con la cobertura pública y privada de la gestión escolar de los jardines maternales. Al decir de Faur (2017): “El caso de los jardines maternales muestra una tendencia inversa (al segundo ciclo del nivel inicial, en ciudad de Buenos Aires) en cuanto a la intervención estatal y privada en el ámbito nacional, dado que más de 65% de la matrícula corresponde al sector privado, por lo que se supone un costo para sus usuarios y, por ende, la potencial exclusión de una importante proporción de niños de hogares pobres.” (p.95)
En síntesis, la falta de cobertura de jardines maternales por parte del Estado afecta de manera sustancial la vida de las familias. El desafío en la actualidad consiste en ofrecer y garantizar un acceso igualitario de la infancia al derecho a una educación de calidad, desde una perspectiva de género y de derechos igualitaria.
El foco en los complejos aspectos ligados al cuidado de las personas se justifica desde la perspectiva de la promoción del bienestar social, de los derechos de ciudadanía de todos y todas, y de la búsqueda de una mayor igualdad social, ya que la organización social de las actividades de cuidado es un aspecto central de los patrones de desigualdad social, tanto en términos de género como de las relaciones de poder en un sentido más amplio. Esto se debe a que, si bien todos y todas debemos ser cuidados/as, las tareas de cuidado están mayoritariamente en manos de mujeres.
Por lo tanto, la manera en que una sociedad encara la provisión de cuidados tiene implicancias significativas para el logro de la igualdad de género, al ampliar las capacidades y opciones de hombres y mujeres o al confinar a las mujeres a los roles tradicionales asociados con la feminidad y la maternidad. A su vez, desde la perspectiva de quienes deben y son cuidados/as por otros/as, también existe una enorme diversidad y desigualdad social. (Esquivel, et.al., 2012)
Bienestar docente en jardines maternales
La idea de los cuidados como derecho ligado a la ciudadanía social significa que, independientemente de contar con una familia que cuide o de tener dinero para pagar los servicios, las personas, en tanto ciudadanos/as, tienen derecho a recibir cuidados de calidad.
El derecho al cuidado implica que los cuidados de buena calidad deberían ser garantizados por el Estado como un derecho consagrado a las personas que lo requieren, de forma independiente a los vínculos familiares y a las posibilidades económicas que existen en esos hogares. (Battyhany, p. 85-86)
Hablamos de la categoría de cuidado como construcción cultural en este contexto sociohistórico y político situado y en vinculación de las relaciones sociales. Orientando los cuidados hacia los docentes para poder ofrecer una educación de calidad, es que:
La Unesco (2016) señala, «el progresivo reconocimiento de la educación para la primera infancia hace imperativo que las políticas para fortalecer el estatus se orienten a la profesionalización de sus docentes, cuestión que supone implementar condiciones laborales que les permitan enfrentar las complejas demandas que se les hacen a sus prácticas pedagógicas» (Otero Signorelli, et al, p. 117)
Para esto es importante difundir entre los actores de la sociedad la relevancia y complejidad de la educación infantil, y hacer énfasis en la capacitación, asesoramiento, acompañamiento y formación específica de docentes/cuidadores como factores claves para la calidad de la educación y el desarrollo de la sociedad. (Otero Signorelli, et al, p.159)
Las tareas de cuidado de bebés, niñas y niños pequeños desde una perspectiva pedagógica implican una significativa disposición corporal y psíquica por parte de los docentes de la primera infancia. Ya que se trata del cuidado de personas en edades tempranas que necesitan de un otro para subsistir y para ser acompañados en su desarrollo.
Las y los docentes de primera infancia, además de seres humanos, trabajadores y profesionales, son personas con una actividad que implica desplegar sus sentidos, la disponibilidad corporal para acunar, abrazar, alimentar, jugar, preparar espacios didáctico-pedagógicos, la capacidad para anticipar algunas situaciones y la cocrianza junto a las familias.
Aspectos propios de la tarea docente de jardines maternales
En relación a la infraestructura para atender bebés, niños y niñas de 0 a 3 años, las condiciones arquitectónicas deben garantizar una estadía y desarrollo seguros y potenciadores. Asimismo, el espacio y el ambiente con el que se cuente facilita, o en su defecto perjudica, una armoniosa manera de desempeñar la tarea docente. En este sentido, también resultan importantes aquellos insumos y recursos para la tarea cotidiana; como ser: cambiadores seguros, cómodos y espaciosos e higiénicos, enchufes en alturas prudenciales, omisión de puntas cortantes, sillas en condiciones, mesas con bordes redondeados, ventanas altas o con rejas o telas metálicas, espacios verdes, ambientes oxigenados, mesas, sillas, colchonetas en buen estado, cunas con medidas reglamentarias para atender a las recomendaciones de los equipos de salud y disposiciones de la Sociedad Argentina de Pediatría, higiene en general, etc.
En Argentina, el salario de docentes de primera infancia en general es escaso, lo que justifica que muchas veces los profesionales de la primera infancia deban trabajar doble turno en un trabajo demandante física y psicológicamente. Por otra parte, al ser los jardines maternales instituciones que abren sus puertas un cuantioso rango horario, las horas laborales son igualmente prolongadas.
En relación al número de alumnos, al tratarse de edades muy tempranas, la atención debería ser lo más personalizada posible para brindar una calidad educativa valiosa e integral. Lo cierto es que, si los establecimientos de gestión privada deben sostenerse de manera autónoma, requieren de mayor matrícula para dar respuesta a los salarios de docentes y que el “negocio” resulte redituable. Aún en circunstancias de gestión pública o supervisiones rigurosas, el número de bebés, niños y niñas debe ser lo más reducido posible para garantizar efectivamente una educación de calidad y preservar el bienestar laboral de docentes. Esta es una problemática para analizar en profundidad.
La cantidad de años de ejercicio de la profesión docente de primera infancia, en general, es de 30 años de servicio aproximadamente. Ya que el régimen previsional no pareciera arrojar modificaciones favorables al respecto, es imprescindible cuidar el transitar de esta docencia para poder cumplimentar con el requisito de acceso a la jubilación digna y que los profesionales de la educación para la primera infancia puedan brindar una educación integral de calidad.
En otro orden de cosas, pero no menos relevante, es necesario un equipo de gestión que genere, propicie y trabaje para tener un buen clima laboral. En este aspecto, cuidar el clima laboral de los docentes de primera infancia influye en la calidad educativa que se les brindará a bebés, niños y niñas. No es lo mismo trabajar en un clima de tensión que en uno de distensión, armonía, compromiso respetuoso y amorosidad.
Aporta positivamente la toma de decisiones desde los equipos directivos que aporten claridad y seguridad ante las decisiones pedagógicas. Asimismo, que haya consenso, coherencia y espacios de reflexión y escucha para los docentes. Generar y propiciar ambientes potenciadores y estimulantes. Es importante trabajar sobre “la vida cotidiana, los conflictos y las turbulencias.” (Harf, 2016, p.35)
Continuando con esta línea de pensamiento, es importante que los equipos de gestión atiendan a las necesidades fisiológicas de los docentes de jardín maternal que están en actividad física permanente: ir al baño, higienizarse, alimentarse, renovar la energía para brindar el cuerpo y la voz. Es decir, organizar los momentos de las jornadas con intercambios entre el personal para alternar turnos y brindar espacios de pausa, así como acercar herramientas de gestión de conflictos y emociones. Para ello, sería potencialmente interesante contar con equipos interdisciplinarios, tejer redes que puedan acompañar y contribuir a cuidar a los que cuidan.
Para la toma de decisiones en la gestión es necesario contemplar que hay tareas propias de la docencia que no son estar exclusivamente con los bebés, niños y niñas pero que refieren al quehacer pedagógico y su sistematicidad, y que demandan tiempo y dedicación. Por ejemplo: hacer planificaciones, planes anuales, confeccionar, redactar y responder notas en los cuadernos de comunicaciones, entrevistas con las familias, materiales para la sala, escenarios lúdicos, notas, carteleras, clases abiertas, fiestas de fin de año, efemérides, evaluaciones, informes, etc.
Resulta pertinente destacar la necesaria amorosidad y la alegría en los jardines para la primera infancia. Al decir de Paulo Freire (2008): “Es imposible enseñar sin ese coraje de querer bien, sin la valentía de los que insisten mil veces antes de desistir. Es imposible enseñar sin la capacidad forjada, inventada, bien cuidada de amar.” (p.26). Es decir, reconocer que el bienvenir en los primeros años requiere de una disposición energética y de deseo que imprima alegría y amor en la tarea.
Entonces, quiero hacer hincapié en la lógica del cuidado en todas sus dimensiones. En este caso, cuidando a los que cuidan como fuente de derecho y para poder cuidar a otros. Esta lectura que imprime una categoría potente, sostengo, es una propuesta enriquecedora y coherente en tanto educar y cuidar no son hechos evidentes y deben reflexionarse, criticarse, revisitarse, ponerse en tensión y retomar, o no, para dilucidar lo que se constituye como la vida cotidiana del jardín maternal.
Conclusiones y propuestas abiertas
Hacia el cuidado de los docentes en la práctica, para potenciar la calidad educativa.
Para garantizar el bienestar de los docentes de jardines maternales, es fundamental implementar estrategias efectivas de apoyo y cuidado en el entorno laboral. Algunas de estas estrategias pueden incluir:
1. Infraestructura útil.
2. Decisiones acertadas sobre la distribución del personal docente en relación al número de alumnos.
3. Programas de bienestar: ofrecer programas de bienestar que incluyan sesiones yoga, asesoramiento emocional y talleres de autocuidado para ayudar a los docentes a manejar el estrés y mantener el equilibrio entre su vida laboral y personal. Es posible encontrar ejemplos muy interesantes en “Sostener, cuidar, aprender” (2021) UNICEF.
4. Apoyo emocional: establecer sistemas de apoyo emocional, como la disponibilidad de psicólogos o consejeros en el lugar de trabajo, puede aumentar su motivación y compromiso con la tarea.
5. Formación continua: proporcionar oportunidades de formación y desarrollo profesional continua puede ayudar a los docentes a fortalecer sus habilidades, tener acceso a capacitaciones actualizadas en nuevas metodologías educativas y poder brindar calidad educativa en su rol.
Por ello es importante acompañar a los equipos educativos en el desarrollo de un plan de cuidado personal, que ayude a identificar los recursos y factores protectores a los cuales recurrir para manejar el estrés y mantenerse saludables. Algunas señales de desgaste a observar (Arón y Llanos, 2005):
• Cansancio físico o emocional.
• Sensación de incompetencia.
• Tensión, irritabilidad.
• Ansiedad y angustia.
• Impotencia y frustración.
• Desánimo y falta de motivación.
• Alteraciones del sueño y del apetito.
• Síntomas físicos (dolor de cabeza, tensión muscular, trastornos digestivos).
Sugerencias para el cuidado de los equipos profesionales (Arón y Llanos, 2005):
• Promover condiciones de buen clima laboral.
• Desarrollar abordaje en equipo y oportuno de crisis inesperadas.
• Promover espacios de diálogo y descompresión estructurados.
• No descuidar el ocio, el descanso ni la espiritualidad en sentido amplio.
• Promover la participación en actividades de voluntariado o comunitarias.
• Reconocer los logros, especialmente en contextos altamente desafiantes. (UNICEF, 2021, pág. 37)
Cuidar a los docentes de jardines maternales es esencial para garantizar su bienestar y promover la calidad de la educación infantil. Al implementar estrategias efectivas de apoyo y cuidado, es posible crear un entorno laboral positivo y enriquecedor que beneficie a los docentes y como consecuencia, a los bebés, niños y niñas del jardín maternal.
Referencias bibliográficas:
Batthyány, Karina (2021) “Políticas del cuidado.” – 1a ed. – Ciudad Autónoma de Buenos Aires: CLACSO; México DF: Casa Abierta al Tiempo. Libro digital.
Brailovsky, Daniel (2020) “Pedagogía del Nivel Inicial: Mirar el mundo desde el jardín”. Novedades Educativas. Buenos Aires, Argentina.
Esquivel, Faur y Jelin (2012) “Las lógicas del cuidado infantil. Entre las familias, el estado y el mercado.” IDES. Buenos Aires, Argentina.
Faur, Eleonor (2014) “El cuidado infantil en el siglo XXI. Mujeres malabaristas en una sociedad desigual.” Siglo Veintiuno Editores. Buenos Aires, Argentina.
Freire, Paulo (2008) “Cartas a quien pretende enseñar”. Siglo Veintiuno, Buenos Aires.
Harf, Ruth (2016). “Educar con coraje”. Noveduc. Buenos Aires, Argentina.
Labarta, Liliana (2017) “Una vieja tensión para pensar la educación hoy: educar y cuidar. El derecho a la educación desde los 45 días.” Voces en el Fénix. Año 8 Número 66. Facultad de Ciencias Económicas, UBA. Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Otero Signorelli y otros. “Cuidar a los que cuidan: consideraciones sobre el desarrollo infantil en/desde educación no formal.” Año 2020, Vol. 5, N°1, 148-163. ISSN 1853-0354 [www.revistas.unc.edu.ar/index.php/aifp](http://www.revistas.unc.edu.ar/index.php/aifp)
UNICEF (2021) “Sostener, cuidar, aprender. Lineamientos para el Apoyo Socioemocional en las Comunidades Educativas.” Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, Santiago de Chile.
Cuidar es asumirnos presentes.
Daniel Brailovsky
Lic. María Agustina Lisa


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