Por Mg. Alejandra Castiglioni
Nos convoca humanizar. ¿Estamos ante una inequidad deshumanizante?
Una mirada desde la educación intercultural critica contemporánea.
Situados en el caos civilizatorio que habitamos, urge humanizar, esperanzar, legitimar el dialogo entre todas las dimensiones escindidas para dominar y dividir el mundo, cuerpo y mente, naturaleza y cultura, razón y emoción y entre tantas otras, la escisión entre la escuela y la vida.
¿Cómo humanizar desde la primera infancia y al abrigo de la conversación educativa? Quizás, sentipensar cada instancia como ceremonia mínima donde, co-construir un proceso transformador, integral e indudablemente situado.
Desde la intencionalidad pedagógica, referenciar la diversidad cultural y construir conocimiento en comunidad, con la dinámica con-movedora de la pregunta y del asombro, respetando la voz infantil, sus gestos, sus inquietudes, sus malestares, su deseo, esto es algo que nos acerca a la emancipación.
Así apostar a un nuevo comienzo, donde cada gesto gestante promueva la transformación social. Probablemente, allí radica la especificidad de la perspectiva intercultural crítica, construir mundos otros donde la justicia, la dignidad, la ternura abran tramas humanizantes donde -al decir de Freire- sea más fácil amar. En este sentido, luchar por una praxis pedagógica que domicilie un nosotros desde su singularidad.
Desde el dolor de la injusticia que afecta a lxs niñxs del mundo, educar para desarmar las más arbitrarias inequidades ancladas en la mirada blanca, adultocéntrica y patriarcal derivadas de la colonización. Sabemos que todo privilegio social autopercibido derivado de la colonialidad confiere a quien lo porta incluso el privilegio epistémico para decidir cuál es el pensamiento válido y así desde la infancia, se coloniza el saber, negando valores identitarios a cada cultura. Estas improntas no desaparecen, mutan en el tiempo por lo que se hace necesario construir pensamiento crítico junto a lxs más pequeñxs.
Según Maturana, amar es dejar aparecer. La educación intercultural crítica -con un anclaje geocultural (Kusch)- se plantea como un encuentro dialógico para aparecer en libertad, en la demora del presente de las infancias, en su estar-siendo singular, lo que no se lleva nada bien con la violencia, los discursos de odio, el consumo y la mercantilización de la vida.
Educar en esta clave nos sitúa en una suerte de pedagogía de la ternura. En su melodía revolucionaria nos invita a explorar la textura del gesto para crear paisajes otros, mundos sostenibles donde alojar amorosamente a cada niño, niña y niñe efectivizando todos los derechos.
El salto hacia la ciudadanía intercultural de las infancias es ahora, para impugnar inequidades emergentes, estructurales y persistentes que afectan la educación de calidad, la justicia social, la salud alimentaria, la sostenibilidad del medio ambiente, el absoluto respeto a las culturas, éstos…irrenunciables para la paz.
Según la Constitución de la UNESCO “las guerras nacen en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres donde deben erigirse los baluartes de la paz». Sí, la paz anida en nuestro pensar pero es desde el cuerpo sensible donde cultivada en el respeto y la ternura, cuando nos permite construir corresponsabilidad de vivir, esperanzar con el corazón en la piel.
Y todo sucede en los cuerpos, territorio de soberanía cultural.
Paz, artes, culturas, educación, derechos…una trama humanizante esculpida en los cuerpos desde el inicio de la vida, somos responsables de crearla y cuidarla.

